Regreso a Reims: la clase obrera, la derecha y el plebiscito

por Nicolás Román

Morder la tierra de la derrota intensificó el amargo sabor del tiempo que desenterraba con esta victoria al bando de la dictadura. La amargura se sintió como un plomo que hizo naufragar nuestra línea de flotación. Una de las premisas del triunfo del rechazo y de la masiva participación popular se explica por las prédicas sobre el descontento y la disconformidad contra la política, el gobierno y la convención. El ímpetu de la disconformidad transversal sepultó con un martillazo una oportunidad histórica para destrabar la desigual correlación de fuerzas entre los sectores dominantes y las fuerzas de cambio.
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Después de la derrota y la rabia, viene el debate. ¿Qué fue lo que pasó?

por Felipe Ramírez

Junto con ello se necesita subsanar otra falencia relevante y es que la derrota electoral de este domingo demuestra que no existe una lectura concreta sobre el “sujeto” popular en nuestro país, al que aspiramos representar en nuestros partidos y gobierno, sobre sus condiciones de vida, su subjetividad, sus principales preocupaciones y por lo tanto, la forma como lo incorporamos a este –hoy inexistente– proyecto estratégico. ¿Basta con levantar demandas en torno a temas específicos, como salud, educación, vivienda, para ganar el apoyo del voto popular? Junto con ello ¿entendemos a esas capas medias que busca ser representado por Franco Parisi, el semi-fascista Gaspar Rivas y su “Partido de la Gente”, que rehúyen de la incertidumbre y que temen por la posibilidad de “surgir” a través de emprendimientos, sin importar lo precaria que sea su vida actualmente?  La dura evidencia indica que no, y requiere un ejercicio de reflexión, análisis y elaboración por parte de la izquierda. Ambos segmentos en sus franjas despolitizadas y que no habían participado en elecciones o en política durante los últimos años, parecieran haberse volcado masivamente a favor del Rechazo. Continuar leyendo

Editorial #14. Porque ahora no estoy solo, porque ahora somos tantos

por Comité Editorial Revista ROSA

Si gana el Apruebo, habrá ganado la gente y su iniciativa a pesar de los medios, las encuestas y una élite política defensiva. Se abrirá entonces una nueva oportunidad, tal vez la última, para que abandonemos una política burocrática y anquilosada en la institucionalidad estatal. Se hará evidente, esperamos, que para la política de izquierda los principales aliados han sido y seguirán siendo siempre las mayorías populares. De triunfar el Apruebo, la condición de implementación de la agenda constitucional no será la de los acuerdos burocráticos, sino aquella capaz de empujar los cambios que promete la Nueva Constitución: la iniciativa de la ciudadanía organizada. Es necesario y urgente que el Gobierno honre el triunfo otorgado por la gente común convocándola por fin a la política, haciéndola parte de su proyecto como actor principal. Si el pueblo nos otorga un triunfo, es de esperar que la política de un gobierno de izquierda asuma el riesgo que implica hacer política para las mayorías y no para la tranquilidad del capital o la estabilidad a los partidos. Continuar leyendo

Mininco incorporation

por Claudio Aguayo Bórquez

Pregunta obligada es cómo un gobierno con una ideología autonomista termina aplicando una ley especial, cuyo único fin es la represión de carácter político (fue la ley que terminó con Alejandra Matus como la primera exiliada de la democracia chilena), a un sujeto cuya agencia política está sustentada en el mismo discurso teórico-político público que enarbola no sólo ya un intelectual (¿orgánico?) del frenteamplismo, sino también en el pasado el propio presidente, quien el 16 de octubre de 2021 declaraba que “la militarización de La Araucanía sólo va a traer más violencia”. Me parece que esta disociación produce efectos devastadores en la subjetividad de izquierda, porque si bien al nivel práctico de la llamada realpolitik y el “maquiavelismo fruna” del muñequeo parlamentario un cambio de opinión puede ser admitido, la vivencia de estos meses ha sido un travestismo de los conceptos, una capitulación de los principios teóricos. Pasó con los “retiros”, donde surgieron discursos perfectamente monetaristas para contener la inflación, se repitió con los estados de excepción en el sur y ahora con la aplicación de la Ley de Seguridad Interior a Héctor Llaitul. Continuar leyendo

El Rechazo como psicosis

por Claudio Aguayo Bórquez

La tendencia reciente de una parte de la institucionalidad a reconocer públicamente la posibilidad de un triunfo del Rechazo –coronada con las declaraciones recientes del presidente Gabriel Boric– no corresponde a una crítica genuina a la “tendencia a disminuir al adversario” y el narcisismo patológico denunciado por Gramsci. Sobre todo, porque tal crítica no es útil ni productiva cuando se realiza como acto de inmolación público. Tampoco es, desde luego, el deseo melancólico por la derrota de la izquierda histérica, abocada en la actual coyuntura a defender el abstencionismo y el voto nulo. Se trata más bien de una continuidad burocrática de la psicosis del Rechazo, que reactiva –quiéralo o no– los deseos de orden y de una clausura conservadora del proceso constituyente, desde luego en los términos de un nuevo acuerdo nacional transversal de todo lo que se llama clase política. Continuar leyendo

Cuchillo y tenedor

por Claudio Aguayo B.

No se trata de exigir un paquete de medidas expropiadoras, sino de demostrar, en un plazo urgente, la capacidad de la izquierda para responder a las necesidades materiales de las clases laboriosas que protagonizaron el estallido del 18 de octubre. Juzgar a los obreros cuando se inclinan al rechazo porque tienen hambre o frío, parece más un moralismo idealista que un realismo pragmático. Sólo una izquierda que sabe mostrarse decididamente de parte de los sectores subalternos en las coyunturas de crisis capitalista puede triunfar en una situación como esta, incrementando el poder de compra y el acceso a bienes básicos de la clase trabajadora, y poniéndole límites al único sector de la sociedad que tiene –como dice el economista marxista Richard Wolff– la potestad de fijar precios y mantener la tasa de beneficio a expensas de los pobres. Continuar leyendo

Disputa política chilena actual: Seis apuntes

por Arnaldo Delgado González

La enunciación de la verdad no alcanza para contrarrestar la mentira. Las ofensas del “me van a quitar la bandera”, “me van a cambiar el himno”, “me van a dividir y quitar mi Chile” no se contrapesan con un “mire, amigo, amiga, lea el borrador de la Nueva Constitución, no le vamos a quitar ni la bandera, ni el himno, ni tampoco le vamos a dividir ni le vamos a quitar su Chile”. En el ejemplo anterior la ofensa rasga un abismo en que la mentira es insalvable. La o el ofendido carga con un talante emotivo particular que no es curable desde el desmentido. ¿Por qué? Porque en épocas en que se conjuga una sensibilidad individual altamente desarrollada con inestabilidad en el vivir cotidiano, la emotividad asociada a un mínimo de certeza genera agencia y arraigo. Continuar leyendo

Seguridad: Tres pilares, una reforma

por Diego Ramírez

Esta nueva institucionalidad debe ser la que permita disminuir la brecha que hoy existe entre civiles y uniformados, en torno a la generación de estrategias y políticas de seguridad. De esta manera, se podrá evitar que el mundo civil se reste de este rol, tal como lo ha hecho hasta la fecha. Es tarea del mundo civil entrar, no para desplazar a los uniformados, sino para hacerse cargo de su parte de la responsabilidad. La autonomía de facto de las policías y la falta de control civil, son una consecuencia de la ausencia del mundo civil, ya que ha generado un espacio que no se ha ocupado y una responsabilidad que se ha abandonado. Continuar leyendo

Una renuncia como punto de partida, una muerte como un inicio. En homenaje a Luis Sierra Bosch

por Luis Sierra (presentación de Felipe Ramírez)

Es verdad que de la distribución del ingreso existente no somos los causantes originales, sino que es una herencia de la dictadura militar, pero la hemos consolidado, cristalizado. Además la hemos legitimado tanto al poner el foco de las políticas sociales sólo en los temas de la pobreza y extrema pobreza y al aceptar el discurso de la derecha de que ella se soluciona sólo vía educación, cuando en realidad la distribución del ingreso es el producto de la distribución de un conjunto de activos que componen la riqueza, siendo la  educación sólo uno de ellos y en las diferencias de calidad de esta última más que originar  una mala distribución del ingreso la expresa y la reproduce. Sí, en cambio, somos responsables directos de la desintegración del tejido social con el que fue posible derrotar la dictadura militar, tanto por nuestra acción gubernamental como por la omisión en que hemos caído en nuestro trabajo partidario en la gestación de organización social y ciudadana. Continuar leyendo

Asumiendo el conflicto. Anotaciones al Editorial #13 de Revista ROSA

por Rogelio Vilches

Pese a su visión crítica, el editorial resucita el frente único más allá de la lucha de clases, cuando afirma: ‘Se debe propiciar y no temer la construcción de una mayoría social activa que sostenga esas transformaciones. Sólo en esa dirección, y debido al potencial que esa fuerza tiene para hacer avanzar estos intereses, es que cobra sentido político el acto de defender al gobierno’. Al usar categorías como mayoría social el polo rojo persiste en los viejos errores de la izquierda de usar seudo-categorías que ocultan las relaciones de clase. Desde los tiempos de la Komintern estalinista, con su interpretación del frente único, estas seudo-categorías sólo han servido para poner al proletariado bajo la hegemonía de la pequeño-burguesía. Es el fetichismo de la democracia que cree que la lucha política se resuelve por el que tiene más votos. ¿Defender al gobierno? Defender al gobierno en la medida que ayude a potenciar el polo rojo. Si no, mostrar sus contradicciones y a dónde lo llevan el desarrollo de las mismas. El polo rojo no defiende gobiernos, conduce a los trabajadores en su organización independiente de los partidos y movimientos de la pequeño-burguesía, para que tomen el poder político y revolucionen el Estado y las relaciones de producción.  Continuar leyendo